ZANZIBAR EN VIAJE #11

EL MEDITERRÁNEO, LA MAR DE TODOS LOS PELIGROS.

De vuelta sobre la llegada de pesadilla en el Mediterráneo de Laurent y Berangère y sus dos hijos a bordo de su velero Zanzíbar...

 

Habíamos esperado unos días para tener un clima favorable: 10-12Nds de O / NO de viento portante con poco oleaje.

 

Jueves 27 junio

5:00 h de la mañana

El SPI está listo en proa, las escotas están aparejadas, podremos deslizarnos hasta Cartagena, que está a unas 230 millas.

Dejamos la bahía de Gibraltar para entrar en el Mediterráneo aprovechando las corrientes.

Laurent está solo en el timón mientras que los niños y yo dormimos tranquilamente...

 

9:30 h

Nos despertamos movidos por el oleaje. Afuera está gris pero caliente. Navegamos con viento portante bajo GV y el génova a 6-7Nds, a lo largo de la costa andaluza, empujados por unos 15Nds de viento.

 

14:00 h

El viento comienza a forzar, obligándonos a tomar 1 Rizo y enrollar el génova. La mar se hace gruesa poco a poco.

 

15:30 h

¡Estamos siendo sacudidos en todos los sentidos! De ningún modo voy a soportar esto durante 30 horas. Laurent entonces propone parar en el puerto más cercano pero desafortunadamente éste se encuentra a ¡35millas más! El GPS predice la llegada entre las 20:30 y las 21:00 horas…

 

16:00 h – 16:30 h

La mar es muy fuerte (entre 4 y 5 m) y el viento sopla a 35Nds. El piloto automático ya no vale, debemos ahora estar al frente del timón para lograr mantener nuestro rumbo. Me toca ocuparme de evitar el mareo.

Los niños, por su parte, van bastante bien. Están fuera con nosotros para no sufrir mareo. Los dos tienen sus chalecos salvavidas automáticos, los atamos a cada uno con un cabo de anclaje.

Blanche tumbada en el puf con su pulgar y su peluche mira con cierta diversión cómo las grandes olas llegan al asalto de nuestro velero.

 

17:00 h

La situación empeora aún más. Registramos una punta de viento de 41.3Nds. La mar sigue embraveciéndose (5-6m). Hay mucha espuma en la cresta de las olas, que rompen con un poder impresionante.

Un sólo pensamiento: no entrar en pánico, no mostrar a los niños que tengo miedo, no sucumbir al deseo de dejarlo todo caer e ir a llorar en el fondo de mi litera.

 

17:45 h

Una primera inundación invadió la carlinga en una orzada. Gabin sentado en la parte trasera está completamente empapado y Laurent, que está al timón en ese momento, también. Enseguida cojo a Gabin para tranquilizarlo, pero parece más molesto por estar empapado que asustado. Relevo a Laurent al timón el tiempo para cambiarse y coger ropa seca para Gabin.

 

18:04 h

Una segunda ola rompiente viene a tumbar la embarcación.

Blanche, todavía acostada en su puf, se ve completamente sumergida: su chaleco choca de inmediato y el puf en el que se encontraba, es arrastrado por las olas. Instintivamente, nos lanzamos simultáneamente sobre ella para que no caiga también por la borda.

Gabin, todavía está en los brazos de Laurent que no ha terminado de vestirlo.

Aunque tiro con todas mis fuerzas del timón no puedo enderezar la embarcación.

Laurent me releva en el timón, tiene más fuerza que yo. Consigue inmediatamente retomar el rumbo. Mientras tanto, atrapo a Blanche y luego a Gabin para meterlos dentro. Ni hablar de que los niños se queden fuera, es demasiado peligroso.

Durante las dos horas que aún nos separan del punto de llegada, la tensión a bordo es palpable. Laurent, al timón, se centra en anticiparse a las grandes olas rompientes.

 

20:00 h

Finalmente pasó: todos estamos sanos y salvos, no hay desperfectos a bordo. La tensión y la ansiedad acumuladas hasta entonces finalmente se fueron. Tengo que redoblar mis esfuerzos para no derrumbarme en lágrimas.

Tan pronto como pasamos la entrada al puerto, vemos dos pequeñas cabezas rubias salir por la bajada: "¿Está bien, se acabó?».

Ya está todo olvidado para ellos, se van tranquilamente en silencio a jugar como si nada hubiera pasado.

¡¡Bienvenidos al mediterráneo!!

 

 

Bérangère

 

 

JEANNEAU